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QUÉ VER EN LA COSTA SUR DE MARRUECOS

18 octubre, 2016
Guía de Marruecos

Marruecos es un país en el que tienen cabida desde sus históricas ciudades hasta unas rutas aventureras que abarcan el Atlas, los lindes del desierto y, también, una costa sur inexplorada hasta ahora. Más allá de los highlights costeros que suponen Essaouira o Agadir, el país magrebí contiene su secreto más nómada y surfero en la costa sur de Marruecos.

¡Yala, yala!

Playas surferas y Jedis del desierto

La costa sur de Marruecos abarca desde Essaouira hasta una frontera con un Sáhara Occidental que a pesar de contar con el dominio del país magrebí es todavía una zona convulsa. Junto a estas tierras inhóspitas se agolpan algunos de los lugares más espectaculares (y quizás olvidados) de la geografía marroquí. Unos parajes en los que las formaciones montañosas del Atlas se funden con playas de abruptos acantilados, pueblecitos de colores rojizos y hombres bereberes que caminan errantes por el desierto.

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Tras atravesar la carretera de Tizi-n-Test, trazada entre las cimas del Alto Atlas, cruzaremos Agadir y nos dispondremos a bordear la costa sur hasta el cercano Parque Nacional Souss-Massa, ubicado en la parte más baja del Valle del Souss y morada de especies exóticas como el ibis, la rana moruna o la garza imperial. Un pulmón de naturaleza franqueado por los acantilados del Atlántico a través de los cuales prosigue nuestra visita.

Antes de desviarnos algo hacia el interior, cruzaremos diversos pueblecitos pesqueros atrapados entre el océano y el Sáhara, umbral de Tiznit, un pueblo envuelto por una muralla de color rojizo y cuyas casas lucen atravesadas por lanzan que simboliza “un salvoconducto” al paraíso de los habitantes fallecidos. Salpicado en medio del valle del Souss, Tiznit descata por su Gran Mezquita envuelta entre palmeras, o los pórticos azules de su fortaleza.

Volviendo a la costa alcanzaremos Legzira, cerca de Mirleft (ideal para hospedarse) y Sidi Ifni (dominada antiguamente por los españoles). Un triángulo nómada en el que se entremezclan los bazares de alfarería, los bereberes ataviados con los típicos djellabas  a modo de Jedis saharianos, teterías con encanto y, especialmente, playas que harán las delicias de los amantes del surf, como es el caso de la playa de Legzira, surcada por enormes arcos de roca rojiza que forman singulares patas de elefante apoyadas en la orilla.

A casi doscientos kilómetros al sur de Legzira el aire se torna más caliente y la tierra más solitaria. Y allí, el pueblo de Tan-Tan se erige junto al río Draa, el más largo de Maruecos, y en medio del cual destaca la Venus de Tan-Tan, una estatua de cuarcita que data del Paleolítico. Por otra parte, si visitáis el pueblo a principios de septiembre podréis disfrutar del Moussem de Tan-Tan, un festival que reúne a más de treinta tribus nómadas del sur de Marruecos y en la que no faltan los comercios de animales, las danzas, los camellos y, especialmente, el Tburida, el mejor ejemplo de arte ecuestre del desierto.

Tras dejar atrás Tan Tan, Marruecos se funde con tierras más olvidadas, costas salvajes y vientos que hacen del pueblo de Tarfaya la principal central de energía eólica de toda África. Y a lo lejos, la Casa del Mar, una fortaleza inglesa, se viste de océano y se deja envolver por el atardecer, como un oráculo, como el punto simbólico entre la costa sur de Marruecos y un Sáhara que se pierde en el sur.

Escrito por: Alberto Piernas

Fotos: Pinterest

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