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LAS MÁGICAS PLAYAS DE PARACAS, EN PERÚ

23 octubre, 2017
Guía de Perú

Cuando pensamos en una playa imaginamos arenas doradas y aguas azules, quizás con palmeras y algunas sombrillas. Sin embargo, el mundo nunca deja de sorprendernos con nuevas formas y colores, siendo las playas de Paracas, en Perú, uno de los mejores ejemplos. Arenas rojizas, escenarios desérticos y un Pacífico salvaje que eclosionan al sur del país del Machu Picchu y las alpacas.

Rojo, que te quiero rojo

Perú es, posiblemente, uno de los países con más contrastes de toda Sudamérica: la cosmopolita Lima, los sabores afrodisíacos de la selva amazónica o la historia que emana el Machu Picchu son solo algunos de los muchos alicientes de un país convertido en uno de los más idealizados del mundo. Pero es el sur, el mismo que encierra los páramos de un desierto de Atacama que hace el amor con Chile, donde también se concentran algunos de sus lugares más impresionantes.

Concretamente es al sur de Pisco, en el departamento de Ica, donde se extiende la exótica Reserva Nacional de Paracas, un edén desértico moteado de playas y tierras rojizas que dan como resultado un escenario simplemente alucinante que podría tomaros perfectamente dos días de vuestra por el sur del país.

Paracas abarca una extensión de 335 mil hectáreas de una costa erosionada por la que se cree es una de las corrientes marinas más productivas de la Tierra, la conocida como Corriente Peruana. Una meca de constrastes que da como resultado la existencia de cientos de especies de peces y aves que suelen finalizar sus ciclos migratorios en este santuario natural. Desde los pelícanos hasta los flamencos, pasando por el condor, Paracas acoge un ecosistema propio que regaló al entorno su condición de reserva en 1975.

A su vez, el agua ha conseguido hacer suyo el desierto dibujando estructuras rocosas tan espectaculares como La Catedral, una zona de rocas talladas por el Pacífico que, a pesar del terremoto que asolara el departamento de Ica en 2007, aún conserva parte de su encanto. Otro ejemplo sería el conocido como El Candelabro de Paracas, un dibujo marcado en la montaña y que podría tener relación con los geoglifos de las famosas Líneas de Nazca del desierto peruano.

Pero si hay un aspecto por el que Paracas destaque es por sus playas, especialmente la conocida como Playa Roja. Una ensenada en la prohibición de un buen baño se ve compensada por la oportunidad de contemplar un escenario de tierras de un tono rojizo producido por la presencia de la conocida como la granodita rosada, un tipo de arcilla fruta de las numerosas erosiones volcánicas que esta zona ha sufrido a lo largo de los años.

Para quienes busquen darse un chapuzón, Paracas también cuenta con playas como El Raspón o La Mina, ideales para disfrutar durante una noche de cámping o abrazándose a las aún desconocidas y cristalinas aguas del Pacífico peruano.

Posiblemente la mejor antesala antes de dirigirse a la reserva de las islas Ballestas, ubicada a media hora de Paracas y colonia de unos pingüínos de Humboldt que hará las delicias de los amantes de la naturaleza.

Escrito por: Alberto Piernas /

Fotos: Pixabay.

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