Considerado como uno de los grandes emblemas de Madagascar, la Avenida de los Baobabs supone una travesía única entre atardeceres y naturaleza.
De todos los árboles del mundo, el baobab siempre ha sido uno de los más especiales. Lo sabía El Principito, quien debió huir de su pequeño planeta, el B-612, colonizado por estos enormes árboles. Las leyendas que hablan de un árbol tan majestuoso que los dioses lo envidiaban – y de ahí que sus raíces luzcan hoy al aire -.
Pero si existe un motivo para apreciar a estos enormes árboles, es su poder de comunidad en países como Madagascar.
Y uno de los mejores lugares para descubrirlo es la Avenida de los Baobabs, emblema del país malgache donde perderse entre sus copas e historias.
Avenida de los Baobabs: cuando las raíces nacen del cielo
En un camino polvoriento que une Morondaba y Belon’i Tsiribihina, en Madagascar, un conjunto de baobabs se despliegan en fila buscando seducir al atardecer. Alguien ha colocado un puesto de artesanía, y otra familia se acerca a conversar bajo la copa de uno de ellos.
Aunque son muchos los baobabs concentrados en los 3.2 km cuadrados que alberga el área protegida, podríamos decir que la “avenida” engloba hasta 25 ejemplares del baobab Adansonia grandidieri, una especie endémica de la isla africana.
Este grupo de baaobabs es considerado como uno de los grandes símbolos de Madagascar, y principal objeto de conservación para diversas asociaciones locales. El resultado es un museo natural vivo donde se concentran algunas de las postales más icónicas de una isla ideal para perderse entre comunidades, bosques exuberantes, playas de cuento y escenarios habitados por los lemures.
Algunos de los ejemplares de la Avenida de los Baobabs superan los 30 metros de altura y alcanzan hasta los 800 años, aunque hay quien asegura que algunos pueden superar los 2000 años. Y aunque encontrarás muchos baobabs por toda Madagascar, los que conforman la avenida tienen algo de ese encanto mágico, casi mitológico, que invita a hacer una visita, especialmente en los meses del verano en el hemisferio norte (invierno en la isla), ya que los árboles lucen sin hojas, adquiriendo formas más fascinantes.
Otro de los aspectos curiosos de esta avenida es que sus baobabs forman una especie de ruinas naturales, ya que reúne a los árboles que sobrevivieron cuando el resto del enorme bosque de la zona fue degradándose. Parte de esta resiliencia la encontramos en la condición del baobab para almacenar miles de litros de agua de lluvia en sus troncos. Atributos que lo convierten en un habitante más de la zona de Menabe.
Es aquí donde los locales conocen al baobab como Renala, o “Madre del Bosque”. Un nombre ancestral que aún suspira muchas tardes, en ese momento en que ancianos y familias se reúnen bajo las copas desnudas de los baobabs apuntando al cielo. Como una forma de recordarle a los dioses que siguen siendo igual de orgullosos, principal motivo por el que fueron condenados a lucir “del revés”.
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A la hora de visitar la Avenida de los Baobabs, el mejor consejo es hacerlo al atardecer. Encontrarás a otros viajeros, sí, pero este factor no importa cuando el sol se posa en el horizonte, envolviendo todos los árboles de un aura dorada que los lleva a reflejarse en las aguas del lago colindante. Al mismo tiempo, el bullicio se apodera del paseo a esas horas, con los carros tirados por el ganado entre nubes de polvo, o amigos y grupos compartiendo un plato de vary (arroz típico) entre los árboles.
Y es que los baobabs tienen un profundo significado espiritual para el pueblo malgache. Muchos habitantes suelen utilizar algunos de los árboles más grandes y destacados de la avenida para dejar ofrendas y pedir bendiciones.
A su vez, como respuesta al deterioro medioambiental que sufría la zona, se formalizaron los esfuerzos para proteger este enclave. En julio de 2007, el área recibió la consideración de reserva temporal. En 2015, el Ministerio de Medio Ambiente, Ecología y Bosques de Madagascar declaró oficialmente la avenida Monumento Natural, garantizando así la conservación de los antiguos baobabs que aún permanecen en pie.
Un espectáculo de la naturaleza que conviene visitar con tranquilidad antes de sucumbir a una magia que habría atrapado al Principito en la isla de Madagascar.
Escrito por Alberto Piernas Medina