El Parque Nacional Cahuite supone el mayor hito de un país de Costa Rica, convertido en referente sostenible para el resto del planeta.
El perezoso que se camufla con las copas de los árboles y despierta lentamente, como un acto de resiliencia en tiempos inmediatos. Las mariposas de tantos colores, el indio desnudo – un árbol capaz de arrancar sus viejas cortezas por sí mismo-; o las tortugas que anidan en costas tranquilas.
Costa Rica supone un paraíso natural cuyos esfuerzos hoy lo convierten en uno de los grandes espejos sostenibles donde mirarse: cerca del 25% del territorio nacional se encuentra protegido; más de un 98% de su electricidad procede de fuentes renovables, y la reforestación como filosofía consolidan un modelo ecoturístico que invita a tomar ejemplo y sumergirse en la naturaleza de una forma diferente.
Un ecosistema donde destaca la joya de la corona: el Parque Nacional Cahuita, gestionado por el gobierno de Costa Rica y parte de la comunidad natural, la cual se implica en los cuidados del parque de manera voluntaria.
Parque Nacional Cahuita: los verdes que solo existen en Costa Rica
Un mar de cocoteros se extiende en la costa de Limón, en pleno Caribe costarricense, susurrando sus secretos a través del azul turquesa del mar, los colores de sus arrecifes o los nuevos verdes que brotan en sus bosques húmedos y tropicales.
Hablamos de un ecosistema donde conversan el jorco y el cerillo, el manglar de hincha bajo la promesa de proteger la selva y hasta 23.467 hectáreas de posibilidades confirman por qué el Parque Nacional Cahuita es el mayor referente de Costa Rica en términos sostenibles. E incluso, nos atreveríamos a decir que incluso del mundo.
Con más de 123 especies de especies, 35 de corales, aves que engloban a la garza y el iris verde, o animales como el mapache, el mono aullador o el perezoso, este parque natural ofrece dos accesos: la entrada por el Sector Playa Blanca, el más conocido y cuya contribución voluntaria es de 5 dólares; o la Entrada por el Sector Puerto Vargas, el cual sí establece un precio fijo, también, de 5 dólares.
A través del Sendero Costero, el cual abarca hasta 8 km, podrás avistar a las diferentes especies, asomarte a los ríos Carbón y el río Perezoso – el propio equipo del parque te notificará el estado de las mareas en el acceso -, y asomarte a playas salvajes donde las tortugas deshovan en diversas temporadas.
Una vez dentro, existen especies más avistables que otras: las más recurrentes son los monos congo y carablanca, el perezoso, o el basilisco. En el caso de algunas de ellas, contar con prismáticos te resultará bastante útil para identificarlos, ya que la espesura es tal que los animales están perfectamente integrados (y a veces, escondidos).
A su vez, también es posible bañarse en algunas de sus playas, como Puerto Vargas o Playa Blanca, además de otras más pequeñas y desconocidas siempre que te informen del estado de las mareas en la puerta de acceso. En estas playas y sus diferentes fondos coralinos es posible realizar jornadas de snorkel para descubrir especies como los manatíes o las tortugas marinas. En este caso, la inmersión se puede realizar durante una excursión contratada y no se permite llevar equipo propio.
Aunque gran parte del sendero se realiza sin elevaciones, sí recomendamos llevar calzado y ropa cómoda para disfrutar de la aventura en este lugar tan especial. Y es que el parque es el primero de toda Costa Rica gestionado de forma conjunta entre el gobierno y las poblaciones índígenas, las cuales toman partido en el mantenimiento de una naturaleza que conocen mejor que nadie.
Una colaboración híbrida que abre las puertas a nuevas formas de mirar el entorno y comprenderlo, especialmente cuando muchos espacios naturales alrededor del mundo son explotados bajo el enfoque de la conservación sin respetar la presencia y cultura de los pueblos aborígenes.
Nuevos logros que convierten el Parque Nacional de Cahuita en un pulmón sostenible donde el respeto por el medio es la brújula, y tender la mano a la naturaleza y sus cuidadores, el gesto necesario en un planeta que necesita de nuevos referentes. Cambiar el ritmo, fundirse con los árboles con la misma facilidad de un perezoso ajeno a unos visitantes que adoptan la ley del sigilo y el respeto.
Escrito por Alberto Piernas Medina