MALTA, LA AUTÉNTICA ENCRUCIJADA DEL MEDITERRÁNEO

28 mayo, 2015
Guía de Malta

Imagínate un islote (bueno, tres) en el medio del mar. Islas pequeñas, rocosas, casi peladas, no tienen ríos propiamente dichos. Además, hace calor. Sin embargo, imagínate que está en el medio de un charco llamado Mediterráneo, por el que tantos han transitado durante tantos milenios. A nadie le gusta, pero todos la adoran. Esa es Malta.

Poblada desde Sicilia allá por el 5200 a.C., muchos pueblos han pisado sus tierras, normalmente con poco respeto: fenicios, griegos, cartagineses, romanos, árabes, sicilianos, italianos, franceses, ingleses… El resultado es, como suele ocurrir en estos casos, impactante: un batido cultural de fronteras milenarias, en el que un sustrato púnico-greco-latino con relleno moro recibe barnices cristianos y occidentales del más diverso pelaje; un enclave que oculta, bajo la superficie turística de sol y playa, profundas y variadas raíces culturales.

Mi primera visita a Malta fue en ese esquema magallufiano de playa-discoteca-hotel y vuelta a empezar, pero me bastó para darme cuenta de ello. Empezando por el idioma. El maltés es una lengua semítica, árabe magrebí, con un 60% de vocabulario latino (principalmente italiano y siciliano) y multitud de anglicismos, escrito en alfabeto latino.

En Malta lo de la mezcla de culturas viene de serie

Siguiendo por el aspecto de sus habitantes, claramente mediterráneo (donde toda la amplia gama de mezclas humanas es posible). Y terminando con su paisaje: grandes apartamentos y hoteles en las playas, retorcidos barrios blancos en las ciudades, evocadoras fortalezas de película esparcidas por las islas. El paraíso de los amantes del mestizaje.

Aparte de la playa, Malta tiene varias cosas que no deberías perderte

La primera y fundamental es La Valeta, capital del país y principal conglomerado urbano, si bien en sentido estricto es una ciudad fortificada de unos 7000 habitantes. En 1530, Carlos I cedió la isla como refugio perpetuo a la orden de los Caballeros de San Juan (llamados desde entonces Caballeros de Malta). Las fortificaciones de este bastión cristiano han marcado la fisionomía de La Valeta, una ciudad señorial con una brutal concentración de iglesias barrocas y neoclásicas y un recinto amurallado realmente impresionante.

No dejes de visitar la isla de Comino, despoblada a excepción de una granja de cerdos, una comisaría, un hotel y un puñado de edificaciones dispersas. Eso no quiere decir que esté vacía, ya que sus playas son muy frecuentadas. Pero lo imprescindible en la isla, aparte de ser uno de los mejores lugares de Europa para el buceo y el snorkel, es acercarse a su famosa Laguna Azul, un espacio de aguas turquesas totalmente inesperado en estas latitudes.

Debes encontrar tiempo para otro par de cosas. Una, acercarte absorto a los templos megalíticos de Ggantija, construidos según la leyenda por gigantes en Xaghra (isla de Gozo), para los que cinco mil años no son nada (más antiguos que Stonehenge o Micenas). Dos, deambular por las ciudades colindantes de Mdina Rabat (la Ciudad Vieja y el Arrabal): fortificaciones normandas, iglesias y mansiones italianas entre barriadas de aspecto tunecino.

Escrito por Víctor Zamorano Blanco

Foto: Tripadvisor / OFERTA de viaje a Malta.

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