QUÉ HACER EN DAKAR, CAPITAL DE SENEGAL

13 diciembre, 2016
Guía de Senegal

Ubicada junto a un Atlántico en el que aún resuenan los ecos de antiguos esclavos, Dakar, la capital de Senegal, es una ciudad cuya presencia a lo largo de la historia colonial la convierten en uno de los grandes reclamos del continente africano. Mercados, mezquitas y una isla única son algunos de los obligados a nuestro paso por la étnica Dakar.

En 1444, el explorador portugués Dinis Dias alcanzó una zona de la costa de África Occidental a la que llamó península de Cabo Verde por su condición de vergel exuberante. Además de las islas que forman el famoso archipiélago homónimo, Dias descubrió un llano en la costa anexo  a otra isla en la que apenas había unas cuantas cabañas donde vivía la tribu de los mandingos. Sin embargo, lo que más llamó la atención de los colonos que comenzaron a llegar a lo largo del siglo XVI fue la presencia de la que sería conocido como Isla de Gorea, la cual sería tomada por portugueses, holandeses y franceses bajo un mismo objetivo: convertirla en el mayor mercado de esclavos de todo el continente africano.

La isla de Gorea fue sinónimo de terror durante más de tres siglos al ser el lugar en el que esclavos traídos de todas las parte de África eran encerrados, supervisados y subastados en función de su estado físico. Los mantenían encerrados y apilados en calabozos, separados de sus familias y conducidos por un pasillo hasta la llamada Puerta de No Retorno, donde esperaban los barcos rumbo a Estados Unidos, el Caribe o Brasil.  El cuento más terrorífico de África Occidental convirtió a Gorea en el principal foco de Senegal, razón por la que tras la abolición de la esclavitud  en 1848, la actividad de trasladó a una capital de Dakar que se mantuvo bajo el yugo francés hasta su independencia en 1960.

Hoy día la isla de Gorea es patrimonio de la Unesco y sede de una Casa de Esclavos convertida en un museo de vivos colores. La parada final para todo aquel que se deje caer por una ciudad de Dakar en la que abundan los bazares de colores étnicos y numerosos símbolos en torno al triunfo sobre el colonialismo: su Gran Mezquita, una confirmación de la fe islámica frente al yugo católico y colonial, o el Monumento del Renacimiento Africano, un estatua de bronce de casi 50 metros elevada en el slum de Ouakam, junto al océano.

Callejear por Dakar desemboca en patios donde crecen baobabs, pórticos en donde las mujeres elaboran cous cous o niños que juegan  fútbol con sandías. La parte más autóctona de una ciudad marcada por los contrastes de sus rascacielos y la sencillez de los barrios en los que, a pesar del atraso, la gente aún siguen sonriendo.

Los amantes de la naturaleza también encontrarán sus rincones de esparcimiento en lugares como les Îles de la Madeleine, dos grandes islas a 4 kilómetros de Dakar, el zoológico de la propia Dakar o el famoso lago Retba, cuyo color rosa lo ha convertido en uno de los lugares más fotografiados de una África Occidental aún dividida entre Occidente y África, entre pasado y futuro, entre dolor y esperanza.

Escrito por: Alberto Piernas / Oferta de viaje a Senegal

Fotos: Pinterest

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