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LA COSTA NORTE DE TURQUÍA: EL MAR NEGRO

16 junio, 2014
Guía de Turquía

Karadeniz es el nombre que los turcos dan al Mar Negro (o sea, “mar negro”, es una de esas cosas en las que coincidimos), que baña toda la costa norte del país a lo largo de miles de kilómetros, de Estambul a la frontera con Georgia. Una región relativamente ignorada por el turismo internacional que ha quedado reservada para los propios turcos y unos pocos extranjeros.

Una “mala” infraestructura hostelera y sobre todo de comunicaciones, junto con el esplendor de Estambul, Capadocia y otros destinos turísticos de primer orden, son los causantes del relativo olvido que mantiene esta región a salvo de las hordas con sombrilla y cámara (perdón, ahora tablet) que tanto menudean en otras partes del país.

Karadeniz (la región se llama como el mar) es una región sorprendente. Yo, al menos, no imaginaba una especie de Asturias a menos de cien kilómetros al este de Estambul; y es que, como en nuestra península, una línea montañosa separa un interior meseteño, seco y con excelentes autovías, de una franja costera escarpada, húmeda y verde, por la que serpentean carreteras de segunda.

Las avellanas son originarias de esta región, hacen una pasta increíble

Y no creo que se pueda comparar al Mar Negro con el Cantábrico, pero puedo asegurar que es un mar con carácter y fuerza, no el charco calmado que yo imaginaba. Entre los pequeños pueblos y las no tan pequeñas ciudades de provincias que se acercan al mar aparecen salpicados acantilados, calas, puertos de pescadores, una vida vibrante pero calmada, con ese ritmo turco tan característico.

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No es fácil viajar pegados a la costa, porque la carretera que corre en paralelo al mar es bastante antigua, estrecha y algo inquietante. Por suerte, un pasado nómada no del todo apagado (creo yo) hace de los turcos grandes amantes de la pernocta en el monte y el mangal (las tradicionales barbacoas turcas), por lo que es relativamente fácil encontrar un lugar acondicionado para plantar la tienda, aunque no sea muy habitual.

Antiguas colonias griegas, remotos monasterios bizantinos, sombrías fortalezas otomanas… Y pueblos turcos normales y corrientes

Sólo los nombres de los lugares evocan épica y misterio: Kefken, Akçakoca, Eregli, Zonguldak, Amasra, Kalafat, Doganyurt, Inebolu, Yakaören… Un paraíso para furgoneteros y mochileros a quienes les guste andar por el monte, jugar a las damas, beber té, manejarse con un inglés muy básico, comer pan de verdad y conocer la hospitalidad turca en todo su esplendor.

Nosotros llegamos hasta Sinop, la antigua Sínope de los griegos, donde fue a parar el bueno de Diógenes, con sus excepcionales murallas doradas, su artesanía “tradicional” de barcos de madera en miniatura y su siempre poderoso puerto, frente al que merodean los delfines. No alcanzamos Trabzon, la mítica Trapisonda, una pena; pero pudimos llegar al Inceburun, punto más al norte de Turquía, y disfrutar las siete cascadas de Erfelek y dormir en la mejor compañía en medio de la nada. No suena mal, ¿no?

Escrito por: Víctor Zamorano Blanco

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