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DINÁMICA DE GRUPO VIAJERA

11 diciembre, 2014
Viajes

No es que yo sea la persona más sociable del mundo. Me gusta estar con gente, pero lo justito. Me llaman mucho la atención los patrones que se crean en las relaciones grupales: los roles que adopta cada uno y todo eso. Todos nos hemos visto envueltos alguna que otra vez en una de esas dichosas dinámicas de grupo.

Si ya en la vida cotidiana se hace un poco difícil a veces, en los viajes las situaciones suelen ser más intensas, a menudo entre gente que no se conoce de nada, o no lo suficiente (o no tanto como creía). Tal vez por eso he tendido a viajar sólo, en pareja o en trío como máximo. Pero nuestros caminos se cruzan con los de otros, y es inevitable hacer parte del trayecto juntos.

Nada más lejos de mi intención que ponerme a dar consejos y a pontificar sobre lo que solo conozco por impresiones personales, y no por estudio. Pero es inevitable, cuando uno ha viajado en grupo, ver repetirse ciertos patrones, ciertos comportamientos, ciertas tendencias.

En líneas generales y casi de forma inmediata encontramos una clara divisoria entre los miembros “activos” y los miembros “pasivos”. No es necesariamente mejor lo uno que lo otro. Los activos toman decisiones, dirigen la organización, se hacen notar más. Los pasivos son más adaptables, o más indiferentes, y en general más tranquilos.

Por otro lado, enseguida aparece la figura del líder, o líderes. No tienen por qué ser “activos”; cualquier combinación es posible. A veces los líderes están en la sombra, tras una figura aparentemente más fuerte, como también hay viajeros muy activos que se encuentran más cómodos “en retaguardia”, desarrollando las ideas de otros.

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Cómo no, podemos identificar otras figuras que añaden color a la situación. Tenemos al ayudante, el mejor amigo del líder; al matón, especialista en situaciones conflictivas; suele haber un pijo, que hace compras desmesuradas y poco útiles; y cómo no, un chivo expiatorio con el que descargar las tensiones acumuladas en el viaje. El resto pueden ser relleno, o adoptar otros roles clásicos como el enfadao, el que no comparte la comida, el alegre mañanero…

La independencia es otro factor clave en esto de los grupos, claro. Por su propia naturaleza, un grupo tiende a limitar las posibilidades de decisión individual. Hay quien prefiere sacrificar esto en nombre de las virtudes de la vida de clan (la ayuda mutua y todo eso) en mayor o menor medida, pero para otros la vida en equipo se hace agobiante y claustrofóbica.

El único problema real es cuando una misma persona quiere aprovechar lo bueno y desechar lo malo. Hum, suena lógico, quedarse sólo con lo bueno… Error, no hay bueno sin malo. A la gente con ese pensamiento tan egoísta, tan depredador, tan propio de nuestra cultura, debería retirársele el pasaporte.

Escrito por: Víctor Zamorano Blanco

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