fbpx
Mouline Rouge

UN PASEO POR MONTMARTRE, PARÍS

11 septiembre, 2018
Guía de París

París, la ciudad del amor, la de los bulevares y esquinas donde suena la música de un acordeón. La capital francesa abandona una de sus peores épocas para saludar al verano y desplegar el sinfín de atracciones que confirman su condición de icono. Pero si debemos quedarnos con un lugar, ese sería la colina de Montmartre, también conocida como La Butte, la trastienda a la que medio París fuese enviado durante las reformas de Haussman en el siglo XIX hasta dar lugar a un universo de viñedos, cabarets y círculos artísticos simplemente delicioso.

El informal barrio de Pigalle, al norte de París, supone el primer escenario antes de elevar la vista y comprobar cómo París se inclina hacia adelante invitándote a descubrir los muchos atractivos de Montmartre. Justo ante nuestros ojos encontraremos el Moulin Rouge, uno de los cabarets más famosos del mundo y que a finales del siglo XIX, durante la Belle Epoque, atraía a millonarios y artistas que buscaban deleitarse con los movimientos del can-can. Al salir un cartel de Le Chat Noir nos observa, y en una esquina el Café Les Deux Moulins, el mismo en el que trabajaba Amélie nos invita a tomar un café entre paredes rojas y gnomos familiares.

Un primer tramo de cine a enlazar con paseos por calles secretas donde lucen muestras de arte urbano,  plazuelas con encanto y lugares en los que vivieron artistas como Picasso, como es el caso de Le Bateau Lavoir, apartamento al se mudó el artista malagueño en 1902. Tras una calle, el Moulin de la Galette se convierte en el fantasmagórico reflejo de un pasado en el que coexisten panaderos asesinados y centrales de radio para lucir actualmente cercada y junto a una réplica en forma de restaurante exquisita.

En algún momento las calles de vuelven a inclinar hacia abajo, y a un lado podemos ver los viñedos de Montmartre que cada mes de octubre celebran su fiesta de la vendimia entre asistentes bohemios y montones de uva preparadas para ser aplastadas por sus pies descalzos. Un patrimonio vinícola del que seguramente se siguen abasteciendo cabarets La Maison Rose, recinto que cada noche alberga fiestas secretas donde se sirve licor de cereza hasta altas horas de la noche.

Tras un trago volvemos hacia la cima, donde la place du Tertre confirma que posiblemente no sea la misma de antaño pero sigue luciendo encantadora: pintores en torno a una plaza en la que se agolpan los turistas buscando un retrato mientras las cúpulas de la gran atracción de Montmartre se cuelan por entre los tejados. Sí, se trata del magnífico Sacre Coeur, la basílica inaugurada en 1914 a 129 metros de altura sobre la Butte de Montmartre.

SUSCRÍBETE PARA ESTAR AL DÍA EN NUESTRAS PROPUESTAS VIAJERAS

Es entonces cuando, con tan magnífica estampa en la retina, nos sentamos en las escaleras admirando una ciudad de París que rezuma encanto, un atardecer que se evapora mientras alguien toca una canción con una guitarra y el encanto que vinimos a buscar nos envuelve hasta que la noche nos cae encima en ese lienzo viviente que es (y seguirá siendo) la Ciudad del Amor.

Escrito por: Alberto Piernas /

Fotos: Pexel

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *