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ESTAMBUL: CIUDAD GATUNA

17 diciembre, 2014
Guía de Turquía

Cuando piensas en Estambul te vienen tantas cosas a la cabeza como: la gran Mezquita Azul, los coloridos bazares, puente entre continentes… Pero si has tenido la suerte de darte un al menos un voltio por las zonas menos transitadas, seguro te diste cuenta de los gatos!

Gatos callejeros. Son de hecho muchos, amados y bien cuidados. Ellos son los guardianes de la ciudad, y a los turcos les encantan, les dan de comer y miman. Los gatos de Estambul no pertenecen a nadie, son todos, y están por todas partes. En los recibidores de recepción del hotel en busca de caricias; en los bares te hacen compañía y a menudo saltan sobre la mesa en busca de algo que comer. En los monumentos más famosos también los gatos son siempre bienvenidos. Por ejemplo, en la Basílica de Santa Sofía vive una colonia de al menos ¡30 gatos! Sólo uno de ellos ha tenido la buena fortuna de ser acariciado por el presidente Obama durante su visita a Turquía, bajo los ojos pasmados y orgullosos del primer ministro Erdogan.

La religión islámica es tradicionalmente muy apegado a los gatos: se dice que incluso Mahoma era un amante de los gatos, y cuentan que un gatito lo rescató de la picadura de una serpiente. También hay un dicho popular en Turquía, que destaca este amor extremo para los gatos: se dice que “Si mataste a un gato, deberás construir una mezquita para ser perdonado por Dios.”

A todo esto hay que añadir la ayuda innegable que los felinos pueden dar contra las ratas, que de otro modo proliferarían en una ciudad tan antigua y rica en alcantarillas, pozos viejos, por no mencionar su gran puerto.

El gato es a veces también un adorno: el protagonista de las fotos de los turistas, a menudo visto acurrucada tanto en los escaparates de las tiendas de lujo de Istiklal Caddesi (también llamado el barrio de la Gran Rua de Pera) como en las tiendas y pequeños quioscos del distrito histórico Fatih y en el Gran Bazar, los tenderos siempre tienen la esperanza de que algún gato opte por caer en sus butacas para descansar después de sus paseos elegantes por la plaza de Taksim y por las orillas del Bósforo.

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El amor por los felinos está considerado como nexo de unión entre las diferencias interminables que diferencia a la población de Estambul tan diversa, y entre las muchas contradicciones típicas de esta ciudad en equilibrio entre el conservadurismo y la modernización.

Escrito por: Eva Bellucci

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