LA LISTA IMPOSIBLE DE CANCIONES Y VIAJE

9 marzo, 2015
Viajes

Es casi una ley física: existe una relación entre el desplazamiento de los cuerpos y la música que los acompaña, con un efecto directo sobre la satisfacción del cuerpo desplazado. Música y viajes, canciones y caminos siempre han ido de la mano. Quien más quien menos tiene una lista, casete o CD favoritos, normalmente un recopilatorio del que conocemos hasta el más mínimo crujido o salto.

Pero como cada cuerpo es un mundo con sus propias circunstancias, no me atreveré a listar “las mejores” canciones para viajar; eso deberá decidirlo cada cual. Me parece que es que cada uno quien va construyendo su propia lista, con el tiempo, su propia memoria sonora, a partir de canciones que han significado algo: un recuerdo de una estación, el olor de un mercado, un bar y sus parroquianos, la radio de un vecino de vagón…

Aunque como digo cada uno tiene sus gustos, es verdad que hay ciertos grupos proclives a hacer buena música de viaje. Quién no se ha pegado largos recorridos con Pink Floyd, Platero y tú, Creedence Clearwater Revival o Los Rodríguez/Andrés Calamaro sonando una y otra vez. En algunos casos no sólo la música, también la letra y el título nos llevan por esos caminos, como pasa con The tripper (Sexy Sadie), Born to be wild (Steppenwolf), o Música de automóvil (Mastretta con Julieta Venegas). U On the road again (Willie Nelson).

Cada persona tiene sus gustos, claro…

El tipo de transporte que utilicemos también marca la diferencia, por supuesto. The passenger, un clásico de ese maestro de la música para agitar las cabezas que es Iggy Pop se me antoja perfecta en el metro o en el coche, cuando quieres ir a la tuya, ponerte los cascos y que el escenario visual sea un complemento del sonido.

Por otra parte, si toca pasar un rato tranquilamente sentado disfrutando de un rincón recién descubierto, personalmente creo que el rocksteady de Al Barry & The Cimerons en Morning Sun o de Jimmy Cliff  en The harder they come tiene la cadencia perfecta, ni irritante ni somnífera. También vale para observar una ciudad nueva desde la ventanilla de un tren, sobre todo por la mañana, no me preguntéis por qué.

De cada viaje hay que traerse por lo menos un souvenir sonoro

En realidad, lo mejor que podemos hacer cuando nos vamos por ahí de viaje es tener las orejas bien abiertas a lo que se oye por la calle allá donde vayamos, la música de la tienda, la radio del bus urbano, el sonido que sale por las ventanas. En los mercadillos de calle (qué gran lugar para entender las culturas ajenas) encontrarás los CDs que escucha realmente la gente, y puede que te lleves muchas sorpresas.

Una última recomendación. Vayas donde vayas, procura llevarte en tu kit de emergencia una canción para los momentos bajoneros, una a la que te sientas positivamente vinculado. Si con los perros funciona eso de las asociaciones sonidos, seguro que funciona con nosotros.

Escrito por Víctor Blanco Zamorano  Fotos: Película Begin Again (2013)

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